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Modelo de catálogo y e-commerce en el Perú: la jornada real
Una modelo de catálogo es quien se pone la ropa, sostiene el producto o calza el zapato para que una compradora vea cómo queda antes de decidir: la imagen de la ficha de producto de una tienda en línea, las páginas de un lookbook de temporada, el aviso de una campaña de descuentos. En el Perú es el trabajo que más jornadas genera dentro del modelaje comercial y, a la vez, el que menos se publica en las redes de quienes lo hacen. Nadie sube a su Instagram la toma cuarenta de un polo blanco sobre fondo gris, y sin embargo esa toma es la que paga el día.
Este artículo describe el modelaje de catálogo peruano sin la capa de humo que acompaña a la palabra «modelaje»: de dónde sale la demanda, por qué la talla de muestra decide más que la estatura, cómo transcurre una jornada de catálogo hora por hora en Lima, cuánto se paga en soles, cómo se cobra ante SUNAT y en qué meses hay sesión de catálogo y en cuáles no. Lo escribimos desde una plataforma que recién abre, sin roster que mostrar ni clientes que nombrar: esto es la mecánica del oficio, no una oferta de trabajo.
Qué es una modelo de catálogo y qué hace exactamente
La definición corta ya está arriba; la útil es esta: una modelo de catálogo trabaja al servicio de un producto que hay que vender por imagen, y su tarea es que ese producto se entienda en dos segundos. No interpreta un personaje como en un comercial, no camina como en una pasarela y no habla a cámara como una creadora de contenido: se pone la prenda, encuentra la postura que la muestra completa y repite eso decenas de veces en un día.
De ahí sale una consecuencia que cuesta aceptar: en el modelaje de catálogo tú no eres el tema de la foto. La foto es del jean, de la casaca, de la zapatilla. Tu cara humaniza la prenda y ayuda a que la compradora se proyecte, pero si la foto de producto termina hablando más de ti que de la ropa, está mal hecha. Quien entiende esto en su primera jornada trabaja mejor que quien tarda un año.
Las palabras cambian según dónde termine la imagen. «Catálogo» viene del impreso y hoy casi todo es digital; «e-commerce» nombra la foto que va a la tienda en línea, ordenada por talla y color. En la práctica peruana, el trabajo de una modelo de e-commerce y el de una modelo de catálogo se piden en el mismo brief, con la misma tarifa y en el mismo estudio, y quien dice «catálogo» casi siempre quiere decir producción en volumen: muchas prendas, muchas tomas, un día largo.
Conviene distinguir un pariente cercano: la campaña usa la misma ropa, pero produce pocas imágenes muy cuidadas, con locación, dirección de arte y pauta detrás. Es otro presupuesto y otra licencia de uso, y ahí está la diferencia de plata entre una campaña y una jornada de catálogo que más se malentiende.
De dónde sale la demanda de modelaje para e-commerce en el Perú
El modelaje para e-commerce no nace de la moda: nace del comercio. Cada producto que se vende por internet necesita una imagen y cada tienda en línea que suma referencias necesita más fotos, más seguido. Esa aritmética explica por qué hay sesión de catálogo todo el año mientras las categorías más vistosas contratan por temporada.
La demanda peruana viene de cuatro lugares y cada uno trabaja distinto. Los nombres que siguen describen el paisaje del comercio del país, no clientes de esta plataforma ni de nadie:
- Tiendas por departamento. Saga Falabella, Ripley y Oechsle producen catálogo de forma continua y con procesos formales: orden de servicio, conformidad, pago programado. Suelen contratar a través de productoras, pagan algo mejor y tardan algo más.
- Supermercados y cadenas. Plaza Vea, Tottus, Wong o Metro también venden ropa, menaje y temporada, y renuevan fichas con la misma lógica de volumen.
- Marketplaces y tiendas propias. Mercado Libre, Falabella.com o Linio no producen fotos: las exigen. Cada vendedor que quiere aparecer bien ahí necesita su propia foto de producto, y de ese requisito vive un ecosistema de marcas medianas y pequeñas que contratan por jornada suelta.
- Gamarra y la confección peruana. El emporio comercial de La Victoria es el mayor conglomerado textil y de confección del país, y muchas de sus marcas pasaron de vender solo en galería a vender también por internet. Eso multiplicó la necesidad de una modelo de catálogo disponible, rápida y con la talla justa, en producciones más modestas que las de una tienda grande pero mucho más frecuentes.
A esos cuatro se suman rubros que casi nadie asocia con el oficio: calzado, joyería, cuidado personal, electrodomésticos, muebles, artículos deportivos, uniformes, óptica. En varios el trabajo es de manos o de detalle: una foto de producto donde la cara no sale.
Un apunte sobre el algodón pima y la alpaca. Las marcas que trabajan esas fibras cuidan la textura: piden luz que muestre el tejido y a veces media jornada de catálogo para seis piezas. Es catálogo con ritmo de lookbook y suele pagarse mejor. La página de modelos para e-commerce en el Perú detalla qué entregas pide una tienda en línea.
Ficha de producto, lookbook y campaña: tres trabajos con la misma ropa
Bajo la misma palabra caben producciones distintas, y saber en cuál estás cambia lo que se te pide y lo que deberías cobrar.
| Qué cambia | Ficha de producto (e-commerce) | Lookbook de temporada | Campaña publicitaria |
|---|---|---|---|
| Cuántas imágenes | Muchísimas: 3 a 6 tomas por prenda | Intermedio: 2 o 3 por look | Pocas y muy trabajadas |
| Dónde se graba | Estudio con fondo neutro o ciclorama | Estudio o locación sencilla | Locación con dirección de arte |
| Qué se pide | Neutralidad, consistencia, velocidad | Actitud, movimiento, ambiente | Interpretación y dirección |
| Ritmo | Alto: la sesión de catálogo corre contra reloj | Medio | Bajo, con muchas repeticiones |
| Dónde termina | Tienda en línea y marketplaces | Redes, web, material de tienda | Pauta digital, vía pública, a veces televisión |
| Derechos de uso | Suelen ir incluidos, uso acotado | Incluidos, con plazo definido | Se cotizan aparte y pesan más que la jornada |
Léela con una idea en la cabeza: cuanto más lejos llega la imagen, más vale tu autorización para usarla. Una foto de producto que solo vivirá en la ficha de producto de una tienda en línea vale distinto de la misma imagen convertida en anuncio con pauta detrás. Por eso, cuando un cliente contrata una jornada de catálogo y después lleva esas fotos a un panel, no está aprovechando una ganga: usa algo que no compró. La lógica de esa segunda parte del pago está en la guía sobre cuánto gana una modelo en Perú.
Un cuarto formato ya aparece en casi todos los briefs: el video vertical de producto. Diez o veinte segundos mostrando cómo cae una tela o cómo se ve una zapatilla caminando, grabados el mismo día y con la misma ropa. No es contenido UGC —no hablas a cámara ni es tu casa—, es catálogo en movimiento, y suma horas a la jornada de catálogo, así que conviene pactarlo antes.
La talla de muestra: el filtro que decide una sesión de catálogo
Aquí está el dato que ordena todo lo demás. La ropa que se fotografía no es la de tienda: es la muestra, la prenda que el taller confecciona en una sola talla antes de producir la serie. Llega al estudio en esa talla y en ninguna otra. Si te entra, trabajas; si no, no hay carisma ni portafolio que lo resuelva ese día.
Eso convierte al modelaje de catálogo en la categoría menos mitológica del oficio: no se pregunta por medidas ideales, se pregunta si calzas la muestra de esa marca. Y como cada marca fija la suya pensando en su compradora, hay trabajo en tallas chicas, medianas, grandes y extra grandes, y en cuerpos que ninguna revista habría llamado hace veinte años. Una marca juvenil de galería suele hacer su muestra en una talla pequeña; una de ropa para señora, en una amplia; una marca de calzado tiene un solo par y necesita ese pie. Por eso nuestro formulario pregunta estatura y talla de calzado en EU o US: para saber en qué sesión de catálogo tendría sentido proponerte.
Tres consecuencias prácticas que se aprenden con el tiempo:
- Tu talla real es la que te queda sin ajustes, no la que sueles comprar. Si el jean se te cae y lo sujetas con correa, esa no es tu talla para una foto de producto, porque el estilista no puede pinchar la prenda por delante.
- Prueba tu talla en más de una marca peruana. Una M de una galería de Gamarra y una M de una tienda por departamento no siempre coinciden.
- Avisa si cambiaste. Un cliente que llamó a una modelo de catálogo talla 38 y recibe una talla 40 pierde el día entero, y esa llamada no vuelve.
Sobre el resto de las medidas, la regla peruana es más amable de lo que se cree: en el modelaje de catálogo la estatura importa poco, la postura importa mucho y no existe ningún «1,75 mínimo». El detalle por categoría está en la guía sobre medidas y requisitos para ser modelo. Y un apunte de salud: ninguna producción seria te pone una meta de peso ni te condiciona a bajar tallas. La muestra es un dato objetivo; tu cuerpo no es un problema a corregir.
Una jornada de catálogo en Lima, hora por hora
La cronología que sigue describe un día de e-commerce en un estudio limeño con luz artificial y fondo neutro. Cambian los horarios y los detalles, pero la estructura se repite en casi todas las producciones de volumen del país.
6:00 — Salir con margen. El llamado suele ser entre las 7 y las 8, y en Lima la hora punta se traga cualquier cálculo optimista: si el estudio queda en Lince o Magdalena y vienes desde Independencia o el Callao, súmale una hora a lo que dice la aplicación. Llegar tarde a una sesión de catálogo es el error que más rápido te saca de la lista de una productora: hay un equipo entero cobrando por hora mientras te esperan.
7:30 — Llegada y registro. Firmas la lista de asistencia y te piden el DNI para el registro y la orden de servicio. Es normal mostrarlo; no es normal que se queden con el original ni que te pidan la foto del documento por WhatsApp antes de conocerte.
8:00 — Maquillaje y peinado. En catálogo el maquillaje es limpio y parejo, pensado para no competir con la prenda. Muchas producciones piden llegar con la cara lavada, las uñas cuidadas y sin marcas de bikini recientes, porque una marca de sol en el hombro obliga a retocar cada foto de producto del bloque.
8:45 — Fitting y orden del día. Vestuario arma la secuencia de prendas por color, talla o bloque de fondo. Aquí descubres si algo no te entra, y se avisa en ese momento, no en la toma: un buen coordinador reordena y sigue.
9:00 a 13:00 — El primer bloque. Se fotografía en tandas: entras con la prenda, el estilista la acomoda, la fotógrafa da dos indicaciones y salen las tomas —frontal, tres cuartos, espalda, detalle—. Sales, te cambias, vuelves.
El camerino y lo que sí puedes pedir
El camerino es donde se juega el trato. Puedes pedir, sin vergüenza, un espacio cerrado o separado por biombo; que no haya cámaras ni celulares apuntando mientras te cambias; y que la ropa de baño, si la hay, estuviera anunciada en la convocatoria y no aparezca como sorpresa. Una producción profesional lo tiene resuelto de antemano; una que improvisa con esto improvisa con todo.
13:00 — Refrigerio. Media hora o cuarenta y cinco minutos. En producciones formales el almuerzo lo cubre la producción; en las pequeñas a veces no, y conviene preguntarlo antes.
13:45 a 18:00 — El segundo bloque. Es el tramo donde se nota el oficio: el cuerpo pesa, los pies duelen y la expresión tiende a apagarse. Quien sostiene el mismo nivel en la toma sesenta que en la cinco es la que vuelve a ser llamada.
18:00 — Cierre. Una jornada de catálogo se cierra revisando que no falte ninguna referencia, devolviendo el vestuario y confirmando a quién emites el recibo por honorarios y con qué fecha de pago. Si el día se estiró, ese es el momento de mencionar la hora extra, antes de irte.
El ritmo: cuántas prendas entran en una jornada de catálogo
El número que define una jornada de catálogo no son las horas: son las referencias. Una producción de volumen puede pedir entre cuarenta y ochenta prendas en un día, y de cada una salen tres a seis tomas. Haz la cuenta y entenderás por qué nadie tiene paciencia para veinte minutos de búsqueda creativa por prenda: hay un cronómetro real y un presupuesto calculado en referencias por hora.
De ahí salen las tres habilidades que más se pagan en el modelaje de catálogo, y ninguna se enseña en una pasarela:
- Cambiarse rápido y con cuidado. Rápido porque el reloj corre; con cuidado porque esa prenda es la única muestra y todavía tiene que volver al taller o a la tienda. Nada de maquillaje en el cuello del polo, nada de tacos pisando el ruedo.
- Volver siempre a la misma marca del piso. La luz está calculada para un punto exacto: si te mueves veinte centímetros, la fotógrafa pierde tiempo recomponiendo y tu foto de producto deja de calzar con las demás.
- Repetir la pose base sin que se note el cansancio. El catálogo vive de la consistencia: la ficha de producto de la camisa azul tiene que verse hermana de la de la camisa blanca, porque van a estar una al lado de la otra en la misma pantalla.
Hay un cuarto talento que separa a la principiante de la modelo con oficio: variar lo justo. Un cambio mínimo de mano, de mentón o de peso del cuerpo genera tomas distintas sin romper la serie, y es lo que el cliente compra cuando pide «tres opciones por referencia».
Sobre el cuerpo: son ocho o diez horas de pie, con calzado que no siempre es tu talla y bajo luces que calientan. Dormir, comer antes, llevar agua, medias limpias y una casaca ligera para el aire acondicionado son condiciones para llegar entera a la tarde. Y si algo duele de verdad, se dice; ninguna foto vale una lesión.
Qué se evalúa de verdad en una foto de producto
Quien mira el monitor de una sesión de catálogo no está juzgando tu belleza. Revisa cuatro cosas, en este orden, y conocerlas explica correcciones que de otro modo suenan arbitrarias.
- Que la prenda se lea. El cuello, el largo, el corte de la manga, la caída, el estampado. Si tu brazo tapa el bolsillo o el cabello cubre el hombro, la toma no sirve aunque tú salgas preciosa.
- Que el color sea fiel. Una compradora que recibe un verde distinto al de la pantalla devuelve el producto, y esa devolución le cuesta a la marca. Por eso se corrige la luz tantas veces y nadie agradece un bronceado nuevo a media producción.
- Que la serie sea uniforme. Toda foto de producto del día debe verse de la misma sesión: misma altura de cámara, misma distancia, misma energía.
- Que haya algo humano. Si bastara con un maniquí, usarían un maniquí. Lo que aporta una modelo de catálogo es la señal de que la ropa la usa alguien: postura natural, mano relajada, mirada sin susto.
Presentar la prenda y no presentarte a ti misma
Es el ajuste mental más difícil para quien viene de las redes. En una foto para tu Instagram tú eliges el ángulo que más te favorece; en una foto de producto lo decide la prenda. A veces te pedirán una postura que no te gusta —el brazo separado para que se vea la sisa, la barbilla algo baja— porque es la que muestra la ropa. Hacerlo bien y sin discutir es literalmente el trabajo.
Manos, pies y detalle: la parte que no muestra la cara
Existe un tramo de la sesión de catálogo donde tu rostro no aparece: manos que sostienen un frasco, muñecas con pulseras, pies con sandalias, una espalda mostrando el cierre de un vestido. Se llama trabajo de detalle y tiene exigencias propias: uñas cortas sin esmalte saltado, piel hidratada, quietud absoluta y capacidad de sostener el producto con naturalidad mientras alguien te reacomoda un dedo.
Suele pagarse dentro de la misma jornada, y cuando una producción contrata solo manos o solo pies lo cotiza aparte. Tiene una ventaja poco comentada: no depende de la talla de muestra ni de la edad, así que abre la puerta a perfiles que el resto del modelaje de catálogo dejaría fuera.
Cuánto se paga a una modelo de catálogo: rangos orientativos en soles
Antes de la tabla, la advertencia, que importa más. Los montos que siguen no son un tarifario ni una estadística, y no salen de datos propios de Perú Castings, que todavía no tiene producciones que medir. Son la horquilla en la que suelen moverse las propuestas de modelaje de catálogo formales en Lima, con recibo por honorarios de por medio. En provincias tienden a ser más bajos, una marca de galería y una tienda por departamento pagan distinto por el mismo día, y todo cambia de un año a otro. Sirven para reconocer una oferta fuera de rango, no para exigir una cifra.
| Tipo de trabajo | Unidad | Rango orientativo (S/) | Qué lo sube |
|---|---|---|---|
| Ficha de producto, marca pequeña o de galería | Media jornada | S/ 120 – S/ 300 | Muchas referencias, video incluido |
| Ficha de producto, producción de volumen | Jornada completa | S/ 250 – S/ 600 | Experiencia, uso ampliado de las fotos |
| Lookbook de temporada | Jornada completa | S/ 300 – S/ 800 | Locación, marca consolidada, exclusividad corta |
| Detalle: manos, pies, cuello | Media jornada | S/ 100 – S/ 300 | Contratación específica, quietud y precisión |
| Video vertical de producto | Por pieza o bloque | S/ 80 – S/ 300 | Cantidad de piezas, uso como anuncio pagado |
| Campaña con pauta | Jornada más licencia, aparte | Por encima de una jornada de catálogo | Medios, territorio, plazo |
Dos lecturas convienen sobre esos números. Quien empieza suele estar en el piso de su fila, y eso es normal. Y si te ofrecen el techo del rango por una jornada de catálogo, pregunta qué uso viene incluido: casi siempre esa diferencia paga algo que aún no te han nombrado, como una cesión de imagen amplia o una exclusividad sin plazo.
Aparte deberían pactarse cuatro cosas que se pierden por no mencionarlas: el fitting previo si lo hay, la hora extra pasado el horario acordado, la movilidad cuando el estudio queda lejos, y la compensación si el cliente cancela con menos de veinticuatro horas de aviso. Un mensaje de WhatsApp con esos puntos y un «conforme» de vuelta ya es un acuerdo que puedes mostrar después.
Cómo se cobra: recibo por honorarios, retención y plazos
Una modelo de catálogo en el Perú trabaja por proyecto, no en planilla: presta un servicio independiente y su ingreso es renta de cuarta categoría ante SUNAT. Sacas tu RUC con tu DNI, emites un recibo por honorarios electrónico por cada trabajo y declaras. Cuando quien paga es una empresa designada agente de retención y el recibo supera S/ 1 500, retiene el 8 % a tu nombre como adelanto de tu impuesto anual; puedes evitarlo si tienes aprobada la suspensión de retenciones, que se solicita en línea cada año y depende de un umbral que SUNAT fija y cambia. El procedimiento está en la guía sobre el recibo por honorarios para modelos.
Los plazos de pago dependen de quién contrata, y en el modelaje de catálogo se repiten tres patrones. Las marcas pequeñas y los estudios que producen para terceros suelen pagar al terminar o dentro de la semana. Las productoras y agencias, a quince o treinta días desde la emisión del recibo. Las empresas grandes van a treinta, cuarenta y cinco o sesenta días, con orden de servicio y programación mensual: es lento, pero seguro si la orden existe, así que pide el número y guárdalo.
Queda la parte legal de tu imagen, que en catálogo se subestima porque el uso parece pequeño. El artículo 15 del Código Civil peruano establece que la imagen y la voz de una persona no pueden aprovecharse sin su autorización expresa. Esa autorización debería estar por escrito y decir cuatro cosas: en qué medios se usarán las fotos, en qué territorio, por cuánto tiempo y si hay exclusividad de rubro. Un uso «web y redes propias de la marca, Perú, doce meses» es corriente y suele ir incluido en la tarifa; un «todos los medios, a perpetuidad» dentro de un contrato de catálogo no lo es. La página de derechos de imagen explica cómo se lee esa cláusula.
Tus fotos y tu DNI son, además, datos personales. La Ley N.° 29733 y la Autoridad Nacional de Protección de Datos Personales te dan derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición. Preguntar quién almacena tus imágenes, para qué y por cuánto tiempo no es desconfianza: es lo que corresponde.
El calendario comercial peruano del catálogo y el e-commerce
El modelaje de catálogo no se reparte parejo en el año: se produce antes de cada fecha de venta, con semanas de anticipación. Conocer ese calendario evita dos errores caros: esperar convocatorias en meses vacíos y aceptar cualquier cifra en la semana en que todos necesitan modelos a la vez.
- Enero a marzo. Verano y campaña de playa en los balnearios del sur de Lima, como Asia o Punta Hermosa. Se cruza con la campaña escolar de febrero y marzo, que llena de fichas de uniformes, mochilas y zapatillas.
- Marzo y abril. Se produce todo lo del Día de la Madre, que cae el segundo domingo de mayo y es la fecha comercial más fuerte después de Navidad. Primer pico serio del año para el modelaje para e-commerce.
- Mayo y junio. Día del Padre en el tercer domingo de junio, más chico. Empieza la garúa limeña, las sesiones al aire libre se mudan a estudio y los catálogos de invierno se fotografían justo cuando hace frío.
- Junio y julio. Fiestas Patrias del 28 y 29 de julio, con la gratificación empujando el consumo: ropa, electro, viajes y hogar se producen en junio y la primera quincena de julio.
- Agosto y septiembre. El valle más largo del año: cielo gris, presupuestos gastados, pocas convocatorias. Buen momento para actualizar fotos y medidas.
- Octubre y noviembre. Cyber Days, de la Cámara de Comercio de Lima, y CyberWow, de la CAPECE, son las semanas que más disparan el comercio electrónico peruano, y cada ficha de producto se fotografía con varias semanas de anticipación. Se suman Halloween y el Día de la Canción Criolla del 31 de octubre, y desde octubre se produce Navidad.
- Diciembre. Con la gratificación de diciembre llega el pico de ventas, pero casi nada se fotografía ya: el catálogo de diciembre se hizo en octubre. Abundan activaciones y eventos.
Trabajo de catálogo fuera de Lima
Lima concentra la mayoría de las producciones de volumen, pero no todas. Arequipa tiene industria de alpaca y marcas propias que fotografían ahí mismo; Trujillo y Chiclayo, confección y comercio regional; Piura e Ica mueven temporada de verano, y Cusco produce para turismo y hotelería. Y en toda provincia hay tiendas que venden por redes y necesitan una foto de producto nueva cada mes.
Dos advertencias honestas para quien vive fuera de la capital. Las tarifas regionales suelen ser más bajas: una jornada de catálogo en Arequipa rara vez paga lo que la misma jornada en Lima. Y si te convocan a Lima, pregunta antes quién asume pasajes y hospedaje: un día de S/ 250 con dieciocho horas de viaje no es negocio.
Cómo empezar como modelo de catálogo sin book ni experiencia
Es la puerta de entrada más accesible del oficio peruano, y la razón es sencilla: el cliente no compra trayectoria, compra que la muestra te quede, que llegues a la hora y que aguantes el día. Nada de eso exige un book profesional ni un curso pagado; exige información exacta sobre ti y disposición a aprender rápido.
Lo que hace falta de verdad para postular a una sesión de catálogo:
- Fotos honestas y actuales. Con tu celular, con luz de ventana, sin filtros ni retoque: rostro de frente, perfil, cuerpo entero de frente y de espalda, con ropa ajustada. Si la foto está retocada, el día del fitting se nota. El paso a paso está en la guía sobre cómo hacer un book de fotos de modelo.
- Medidas exactas y actualizadas. Estatura real, talla de prenda, talla de calzado en EU o US. Es el dato que decide si te proponen para una producción.
- Disponibilidad clara. Las convocatorias de catálogo avisan con pocos días. Si estudias o tienes otra chamba, di en qué días puedes: una respuesta honesta vale más que un «siempre disponible» que se cae a la primera.
- Los papeles listos. DNI vigente y, cuando llegue el primer trabajo, RUC para emitir el recibo. No hace falta tenerlo antes de aplicar.
- Modales de set. Puntualidad, celular guardado, no fotografiar prendas que aún no salen a la venta, avisar los problemas apenas aparecen.
Tres correcciones evitan casi todos los tropiezos del primer día: no llegues con marcas de sol recientes, lleva ropa interior sin costuras en color piel y en negro, y no pidas ver las fotos cada dos tomas.
Un último punto que casi nadie dice: el catálogo construye reputación más rápido que ninguna otra categoría porque se repite. Una tienda en línea necesita una ficha de producto nueva cada mes, así que si funcionas te vuelven a llamar, y en tres o cuatro producciones ya tienes material real. Ese circuito, y no un aula, convierte a una principiante en una modelo de e-commerce con oficio.
Señales de alarma en una convocatoria de catálogo
El catálogo tiene mucha demanda y poca formalidad en su franja baja, y eso atrae a quien quiere aprovecharse. Estas señales no siempre son fraude, pero cualquiera justifica preguntar más y dos juntas, decir que no.
- Te piden pagar para entrar: inscripción, «activación de perfil», curso obligatorio o un book con el fotógrafo que ellos indican. Un trabajo de catálogo se le paga a la modelo, nunca al revés.
- La cita es en un hotel, un departamento particular o de noche, en lugar de un estudio, una oficina o una videollamada.
- Aparece ropa interior o ropa de baño que no estaba en la convocatoria escrita y se menciona recién en el camerino, o piden fotos «de prueba» en ropa interior.
- No hay tarifa, ni hora de cierre, ni nombre de la empresa que contrata, ni a quién se emite el recibo por honorarios.
- Ofrecen «pagarte con las fotos» siendo una marca que vende producto: si esas imágenes van a su tienda en línea, son catálogo comercial y se pagan.
- El contrato incluye cesión de imagen perpetua, mundial y para todos los medios por el precio de una jornada de catálogo.
- Presionan con «confirma en una hora» o piden confidencialidad para que no le cuentes a nadie de la convocatoria.
Verificar es más fácil de lo que parece: busca el RUC de la empresa en el portal de SUNAT y revisa que nombre, estado y actividad tengan sentido; pide que te escriban desde un correo corporativo; avisa a alguien de confianza dónde estarás. Nuestra política antifraude explica qué no hacemos nunca y dónde denunciar ante INDECOPI, la Policía Nacional o el Ministerio Público.
Preguntas frecuentes
¿Qué hace exactamente una modelo de catálogo?
Se pone la ropa o sostiene el producto para que se vea cómo queda, y repite ese trabajo con decenas de referencias en un mismo día. Las imágenes terminan en la ficha de producto de una tienda en línea o en un lookbook. No hay interpretación ni pasarela: hay ritmo, consistencia y precisión.
¿Hay que ser alta para trabajar como modelo de catálogo?
No. En el modelaje de catálogo peruano la estatura pesa poco y lo que decide es la talla de muestra: la prenda llega en una sola talla y tiene que quedarte sin ajustes. Por eso hay trabajo en tallas y estaturas muy distintas, y por eso conviene declarar tus medidas exactas en lugar de las que te gustaría tener.
¿Cuántas prendas se fotografían en una jornada de catálogo?
En una producción de volumen es habitual pasar por cuarenta a ochenta referencias en un día de ocho a diez horas, con tres a seis tomas por prenda. En una sesión de catálogo más cuidada, como un lookbook, pueden ser diez o quince piezas con más tiempo cada una. El número debería estar en el brief antes de que aceptes.
¿Cuánto se paga una sesión de catálogo en el Perú?
Como rango orientativo del mercado limeño, una media jornada para una marca pequeña suele moverse entre S/ 120 y S/ 300, y una jornada de catálogo completa de volumen entre S/ 250 y S/ 600, con el uso en web y redes propias incluido. En provincias baja y en campañas con pauta sube mucho, porque ahí la licencia se cotiza aparte. Son referencias, no tarifas fijas.
¿Necesito book profesional o un curso para el modelaje para e-commerce?
No. Bastan fotos de celular sin retoque —frente, perfil, cuerpo entero— y medidas exactas. Ninguna plataforma seria en el Perú cobra por entrar ni obliga a comprar un book o un curso, y si te lo exigen, retírate. Una modelo de catálogo aprende el oficio en sus primeras producciones, no en un aula.
¿Puedo negarme a usar una prenda?
Sí. Puedes negarte a ropa interior, ropa de baño o cualquier prenda que no estuviera anunciada en la convocatoria, y una producción seria lo acepta sin discutir porque debió avisarlo antes. Si la presión aparece en el camerino, es motivo suficiente para retirarte y reportar la convocatoria.
¿El modelaje de catálogo sirve para llegar a algo más grande?
Sirve, aunque nada ni nadie lo garantiza. Es la categoría que más se repite, así que construye material real y reputación de cumplida más rápido que otras; muchas de las mujeres que hoy hacen comerciales empezaron haciendo una foto de producto tras otra. Pero cada campaña se decide por perfil y por fecha, no por antigüedad.
¿Aplicar a Perú Castings me asegura una jornada de catálogo?
No. Somos una plataforma nueva, sin roster público, sin clientes que nombrar y sin trabajos que repartir todavía; aplicar es gratis, se evalúa a mano y no abre por sí solo la puerta a castings ni a producciones. Lo que sí puedes esperar es que, si alguna vez te proponemos una sesión de catálogo, llegue con horario, tarifa, uso de imagen y forma de pago por escrito.
Si este trabajo te suena al tuyo
Si algo debería quedar de todo esto es que el modelaje de catálogo es el rincón más honesto del oficio peruano: no premia el misterio, premia que la muestra te quede, que llegues a la hora y que la toma sesenta se parezca a la cinco. Es un trabajo físico, repetitivo y silencioso, y por eso mismo es el que más enseña y el que más se repite en el año.
Si quieres entrar a nuestro proceso de evaluación, puedes aplicar a Perú Castings sin pagar nada, sin book profesional y con las fotos que tomes hoy en tu casa. Recibimos solo mujeres mayores de dieciocho años residentes en el Perú, de cualquier departamento, y revisamos cada aplicación a mano. Te lo decimos con la franqueza con la que le pediríamos a cualquier modelo de catálogo que lea un contrato entero: la plataforma recién empieza y enviar tu perfil no te asegura convocatorias ni ingresos. Lo que sí te aseguramos es que ninguna propuesta nuestra te pedirá plata, ni una cita rara, ni tu imagen a cambio de nada.